Tanto hablar siempre de cómo ser la «invitada perfecta» y, mira no, ¡qué perezón! Nosotos lo vemos más como la invitada (im)perfecta porque ¿quién es perfecto en este mundo? Y el tema de la perfección… Hay que ser la madre perfecta, la novia o esposa perfecta, la amante perfecta… ¡Ni que estuviésemos en los años 50! (Que la estética nos gusta mucho, sí, pero hay valores que están un poco demodé).

Y ahora, para colmo, también la «invitada perfecta», en un momento tan especial y chulo como puede ser la boda de nuestra mejor amiga o hermana… ¡¡STOP!!

En modo reivindicativo, vamos a compartir contigo el «Decálogo de la invitada (im)perfecta.

Decálogo de la invitada (im)perfecta

1. ¿Protocolos?

Sí y no. Creemos que el único protocolo que debería prevalecer por sentido común es el del respetar el color blanco para la novia y cualquier otra etiqueta o sugerencia que los mismos novios pidan. Para todo lo demás, mejor guiarse por el sentido común. Por ejemplo, pamelas ¿de día o de noche? Pues teniendo en cuenta que su función es cubrirnos del sol a modo sombrero, lo lógico será utilizarlas en eventos de día y sólo si te apetece. Otro protocolo que, además seguimos mal, es el de ir de largo a bodas de noche… ¿sabíais que POR PROTOCOLO, sólo deberían ir de largo la novia (es la prota) y la madrina? Y por extensión, la madre de la novia y hermanas, damas de honor… es decir, la familia directa y, de nuevo, por petición de la propia novia. Así que… ¡relajémonos un poco con tanta norma!

2. Menos es más

Ya lo decía Coco Chanel, el último accesorio siempre sobra. No te digo que tengas que ir monocolor y con un único accesorio diminuto. Puedes llevar un vestido con un estampado floreado y una de nuestras diademas que son de por sí bastante llamativas. El quid de la cuestión es encontrar la armonía entre el outfit y los accesorios que eligas que están para «complementar» el atuendo, no para parecer un árbol de navidad…

3. Sé tú misma

Este parece el típico consejo 0,60 que te dan cuando está frente a ti el amor de tu vida y no tienes ni idea de cómo actuar. Pero es mucho más fácil de lo que piensas. Simplemente, olvídate de todo, del qué dirán, de las tendencias, de lo que esa amiga que siempre va ideal va a llevar. Céntrate en ti, en el tipo de patrón que te sienta bien y te hace sentir como la diosa griega que eres, piensa en tu comodidad y en verte guapa.

4. ¿Para lucir hay que sufrir?

¡¡No, no y cien veces no!! Olvídate de los taconazos si no los soportas. ¿Por qué cargar con una bailarinas para cuando empiecen a dolerte los pies? ¿Qué necesidad tienes de pasar por ese dolor y que tu look se vaya al garete por un cambio de zapato de última hora? ¿Por qué no darlo todo hasta que amanezca sin pensar por un instante en esa rozadura incómoda? ¡Ah! Y «échate la rebequilla por si refresca», que lo hará, y luego vas pidiéndole la chaqueta a algún pobre bonachón que pasará fresco porque tú no lo hagas.

5. ¡No te arruines!

Seguro que esa boda va a ser el «fiestón del año» ¡pero no el fin del mundo! No te vuelvas loca comprando y gastándote un dineral, menos aún si tu economía no está para dar mucho saltos de alegría. Afortunadamente, contamos con muchas opciones lowcost, también con los períodos oficiales de rebajas y toda clase de ofertas y descuentos a lo largo del año. Quien diga que para vestir bien hay que gastarse un dineral, es porque no tiene ni idea. Obviamente un buen tejido hace mucho, pero el estilo es lo que prevalece a la hora de saber llevar la ropa. Y de invertir, mejor hacerlo en unos buenos zapatos o bolso, por ejemplo, que son como el rimmel y labial rojo a una mala cara, te levantan el look de forma instantánea. Y si optas por hacerlo en accesorios, mejor un tocado hecho a mano, joyería fina o en su defecto bisutería de calidad, olvídate de plásticos y materiales que te acaban destiñendo y poniéndote la piel verde como a un lagarto.

6. ¡Ríe, baila, salta!

¡¡Que estás de celebración!! Déjate llevar por la música, el buen royo, suéltate la melena y disfruta que las horas pasan volando y en un pis-pás te ves de vuelta en bus para casa con ganas de pillar la cama.

7. Que viva la naturalidad

No me cansaré de repetirlo, sea en novias o invitadas, dejemos a un lado tanto postureo instagramero y vamos a lo que vamos. A pasarlo bien. Que el único like que importa es el tuyo al mirarte al espejo y el que le das con tu cariño a quienes te rodean en la ceremonia, en la mesa mientras comes o echándote un bailoteo.

8. ¡Atrévete!

Esto va muy ligado al punto 3. Sí, seamos nosotras mismas, pero también ¡nos podemos atrever a algo diferente con lo que no nos hayamos animado a probar antes! La vida ya es demasiado monótona y gris a veces, sazonémosla con colores atrevidos, estampados diferentes y complementos divertidos como las diademas de nuestra colección #festivaldelamorLNI.

9. Haz (más) caso a tu madre

Sabemos de sobra que a veces nos pueden resultar un pelín pesadas, pero, ahora en serio, haz más caso a tu madre. Quizás no conozca las últimas tendencias o puede que todo lo contrario. Puede que sea la mujer más llana del mundo mundial o que derroche más estilo que Carrie Bradshaw. Sea como sea, desde luego ella tiene un bagaje de experiencia que ya quisiera tú para ti. Así que sé abierta y escucha los consejos que te da con todo el amor del mundo. ¡Tenemos mucho que aprender de ellas! Y, desde luego no va a haber nadie mejor que ella que te de una opinión sincera sobre si vas perfecta o hecha un cuadro antes de salir por la puerta.

10. No te estreses

¿Mejor voy de corto o de largo? ¿Y si me planto un traje? ¿Voy sola o acompañada? ¿Con quién me sentarán en el banquete? ¿Aguantaré el ritmo? ¿Se me correrá el rimmel? O peor, ¿me mancharé los dientes con el labial? Y ese sudorcillo que empieza a traspasar la tela del vestido… ¿sudor? Sudor el que seguro que te está entrando ya de pensar en todo esto y mil tonterías más. ¡Simplifica tía! Vamos a darle la importancia justa a las cosas, que al final todo esto se pasa volando y lo único que importará al terminar la noche serán esas risas que te has echado, las lágrimas de felicidad, el bailoteo en la pista y que te pusiste hasta las botas en la recena. Ya habrá momento por preocuparse en cómo quitar ese lamparón de vino que te derramaron sin querer y en cambiarle las tapas a los tacones que quedaron destrozados del césped.

invitada perfecta

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