Vamos a dejarnos de chorradas y a ir directamente al quid de la cuestión. Nadie quiere ser «la novia perfecta». Crees que quieres serlo porque así te lo han vendido en las películas, en las revistas de moda, tu madre, tu suegra y hasta la vecina del quinto. Pero no, amiga, no tienes que ser la novia perfecta.

¿Por qué? Pues porque ¡la perfección está sobrevalorada! Piensa en todo el estrés que realmente te ocasiona tener que ser «perfecta» en cualquier ámbito de tu vida: desde tus notas académicas, tu trayectoria profesional, tu vida amorosa y social… Todo esto para satisfacer siempre a los demás. Para que «se sientan orgullosos de ti», porque es como «deberías ser».

Calma, respira hondo. ¡Nadie es perfecto! Hasta esa persona que puede que idolatres tiene sus defectos. Lo importante aquí es que es el día de tu boda. Lo importante es que ese día no te falles a ti misma. Y que si tienes que rendir cuentas con alguien, esa persona es tu pareja, que para eso te casas con él/ella.

Vamos a hacer un recorrido de las cosas que se supone debes hacer para ser/estar perfecta en tu boda: Cuidados faciales, depilación láser, maquillaje y peluquería, manicura y pedicura, por supuesto elegir bien el vestido y los complementos, extensión de pestañas, bla-bla-bla… ¡Todo esto son CHO-RRA-DAS!

Así te lo digo, sin trampa ni cartón ¿cómo te quedas? Vayamos por parte antes de que me saltes a la yugular… ¿Te das cuenta que todo esto sólo se centra en tu «no belleza»? Como si las mujeres estuviésemos rotas y tuviéramos que «arreglarnos». Claro, la lógica es que si para salir un sábado por la noche lo haces, cómo no ibas a hacerlo para el día de tu boda, tiene sentido ¿verdad? DEPENDE.

Chicas, entiendo que queráis lucir bellísimas en vuestro día, pero aquí hay otras cosas más importantes que trabajar antes: la autoestima. Y eso no se cambia de la noche a la mañana.

Vamos a desenmascarar la verdad de cada punto de esta «idílica» lista y de paso te cuento mis «no-cagadas» en el día de mi boda.

10 + 1 Pasos para ser la novia (im)perfecta

1. Cuidados faciales

Hoy día más que nunca con todas estas influencers que te venden «su crema favoritísima de X marca» y mañana la cambian por otra (literalmente), el mundo de la cosmética en general ha dado un gran cambio y nuestra generación y las que le siguen somos las más preocupadas obsesionadas con lucir un cutis perfecto.

Más allá de que te cases o no, de que quieres disimular un granito o una arruga (de esto ya hablaremos otro día, que da para largo el tema…), deberíamos incluir una rutina facial en nuestro día a día desde la adolescencia como parte del cuidado e higiene de nuestra piel.

Si antes no lo hacías, es un buen momento para empezar, pero los milagros a Lourdes… Además, no te aconsejo probar cosas extrañas con tu piel facial 6 meses antes de la boda, pues es el tiempo que nuestra piel tarda en regenerarse si tuviese algún brote alérgico o similar debido a algún producto inadecuado que has utilizado. Lo básico ya lo sabemos todas: exfoliar, limpiar, tonificar e hidratar.

Para mi boda, llevaba ya un tiempo queriendo empezar en serio a tener mi propia rutina y no ser una vaga. Me tiraba (y me tiro) media hora por las mañanas y media hora por las noches (esta última me da más flojera aún). Es verdad que me mejoró muchísimo la piel y eso se nota a la hora de maquillarte (si optas por maquillarte). Pues mi «lienzo» estaba completamente limpio.

Y, ¿sabéis qué? Que justo ese día me apareció un granito en la frente. Bueno, si os pasa, no lo toquéis (lo sé, es difícil no sucumbir a la tentación…). No lo refrotéis ni exfoliéis (lo vais a empeorar). Lavaos como siempre, intentad estar tranquilas y confiar en el maquillaje (tanto si lo haces tú misma, como si recurres a una profesional, no te pongas medio bote de corrector, que lo vas a acentuar más). Pasa del tema y disfruta, nadie se va a fijar si tu no le das importancia y en las fotos se puede solucionar con un poco de Photoshop si se lo indicas a tu fotógrafo.

2. Depilación láser

Menuda locura hay con esto. A ver, si quieres te depilas y si no no (y no por no hacerlo eres una «descuidada» o una «puerca»). El vello y los pelitos están donde están precisamente para protegernos. Y si te sueles depilar, ¿porqué tener que hacerte el láser sí o sí? Quiero decir, hay mujeres que van ahorrando poco a poco para hacérselo algún día y les coincide con la boda, otras que se lo pueden permitir y ya tenían la idea hecha. Pero si no es así, ¿POR QUÉ NARICES HAY QUE HACERSE EL LÁSER SÍ O SÍ?

Os cuento mi experiencia. Unos años antes de casarme, quise probar a quitarme mis propios prejuicios con este tema. Soy de las que piensan eso de «¡ey! ¡libres esos pelitos! paz y amor… Pero a la hora de aplicármelo a mí misma, eso era otro cantar… Estuve todo un invierno sin depilarme las piernas ni las ingles. Mi chico tan contento (no es que su opinión «importe», pero si te «apoya» pues mejor).

No llegué a tener piernas royo «pelos de tío» (la verdad es que, aunque soy morena y se me ve el vello de todo el cuerpo, tampoco es una cosa «exagerada»). El problema que tuve fue que tras 6 meses sin siquiera pasarme la cuchilla, y aunque me exfolio la piel de todo el cuerpo cada X semanas para eliminar la piel muerta, se me enconaban demasiado los pelitos por el roce de los pantalones y medias, ocasionándome muchísimas molestias.

En primavera tuve un poco de respiro y me animaba a salir poco a poco a la calle sin medias utilizando vestidos y faldas largas a modo de «transición». Pero finalmente acabé por hacerme directamente la cera y fue un alivio. A fecha de hoy es verdad que ya nunca me hago las ingles, porque esa zona si es verdad que tengo la piel más fina y sensible y acababa con unos sarpullidos que no me merecían la pena, y la depilación suelo hacerla solo hasta por encima de la rodilla que es donde me ocasiona malestar. Es decir, he aprendido a aceptar cómo soy y ponerle la solución que A MÍ me vale.

Entrando en el tema del láser, quería (y quiero) hacerme las axilas porque me incomoda muchísimo ver pelitos ahí, sea en hombres o mujeres. El año en el que estábamos de preparativos me volvió a pillar en invierno y empecé a dejarlo crecer. Las primeras dos semanas me resultaba bastante asqueroso, para qué negarlo… Pero pasado este tiempo, notaba que sudaba menos y no olía apenas. Esto es como el cerúmen de las orejas, cuanto más lo limpias más aparece ¿por qué? Porque tu cuerpo lo genera para proteger tus oídos de la mugre que entra por las orejotas. Con el vello corporal ocurre algo similar, está ahí para regular nuestra temperatura y el sudor, así que si lo dejas en su sitio, cumple su función mejor.

Bueno, pues a pesar de que me había acostumbrado, comencé a ir a darme sesiones de láser. La experiencia no fue dolorosa, pero tras 9 meses no veía resultados y llegados el día de la boda me desanimé y volví a la cuchilla. En mi caso perdí el tiempo y mi dinero en algo que no me funcionó y tampoco noto que me haya reducido una barbaridad lo que me hice (ya os digo que no soy demasiado velluda, por lo que tras el láser debería tener bastante menos, casi nada, y no es así…).

3. Maquillaje y peluquería

Estas dos las meto en el mismo paquete. Volvemos a lo mismo, si nunca te maquillas, no te sientas obligada a hacerlo. Si nunca te maquillas, pero ahora lo haces, no te sientas obligada a elegir algo super llamativo para «dar la nota» ese día.

Cuando se habla de que una novia debe ir lo más natural posible, yo lo traduzco a que seas como tú eres. Si nunca llevas los labios rojos o un ahumado espectacular, no creo que ese sea el día de probar a hacerlo. O si siempre vas con el pelo suelto y desenfadado, no te hagas un recogido ultra mega pulido.

A ver, está bien probar cosas nuevas, pero de querer hacerlo, empieza unos meses antes para ver si te convence ese nuevo aspecto, no quieras ser «super rompedora» ese día.

4. Manicura y pedicura

Seguimos en «para gustos los colores». Personalmente, unas uñas (seas chico o chica) que están recomidas, con todos los padrastros hechos un asco, etc. me da grima sólo de pensarlo. Volvemos a lo de antes, si no sueles llevar las uñas pintadas ni largas ni nada, puedes hacerte una manicura muy sencilla simplemente llevando las uñas limpias, limadas y con alguna capa protectora que le añada un poco de brillo y se vean más «sanas». Y si eres de llevar uñas extrambóticas o con algún detalle, no renuncies a ello.

Con la pedicura pasa igual, añadiéndole el tema de rozaduras, grietas, etc. Os vuelvo a contar mi cagada… Por mi pisada (dicho por mi podólogo) tiendo a crear muchas rozaduras en talones. Cansada de estar cada semana pasando la piedra pómez o el rodillo eléctrico regalo de mi madre, ese invierno pensé en usar uno de estos calcetines exfoliantes que te dejan la piel como un culito de bebé. NO LOS RECOMIENDO NADA.

Esos calcetines de plástico están impregnados en productos que hacen que literalmente se te pele la piel, es decir, son muy abrasivos. La cuestión es que al quitarlos, como ha eliminado una capa muy gruesa, ALUCINAS con el resultado. Lo que no te esperas es que te queda una semana de seguir mudando la piel de los pies cual lagarto desde los dedos hasta el tobillo…

Esto ocasiona varios problemas: lo feo de llevar los pies así, el dolor al apoyar los pies o usar calzado (piensa que las rozadoras están ahí por algo, nuevamente la naturaleza es sabia, y si no, recordad los pies de los hobbits); pero sobretodo, que tantos días de sufrimiento para que el resultado final solo os dure una semana más, pues, en cuanto comencéis a andar normal, vuestro cuerpo, que, repito es muy sabio, va a empezar a generarlas de nuevo… Así que imagínate este drama una semana antes de tu boda o incluso la tarde de antes.

Por cierto, al final, por falta de tiempo y los nervios, no me di cuenta hasta que ya pasó la ceremonia que llevaba las uñas de los pies diferentes a las de las mano. ¿Pasa algo por ello? No, pero mi idea era llevarlas igual. En fin, qué le vamos a hacer.

5. Elegir el vestido y los complementos

Menuda presión con esto. Quien no se ha tragado alguna vez esos programas de novias buscando vestido y todas rompen a llorar al encontrar SU vestido. Reconozco que yo, que era muy reacia a esta idea tan ñoña, me pasó. Sí, chicas, lloré como una bebé frente al espejo al verme. Bueno, tampoco tanto, pero sí me emocioné y solté la lagrimilla… Lo que quiero decir es, que si no te pasa, ¡¡no importa!! La cuestión es que te sientas cómoda y te veas guapa con él.

Lo mismo con los complementos. Elige siempre lo que tu quieras. Si no eres de llevar velo, no lo lleves, y si quieres usarlo (por ejemplo, en una boda civil que no es tan común) pues también. O si quieres ir con un vestido corto, o estampado, o de un color que no sea blanco, nude o marfil. Y si te apetece llevar un tocado fuera de lo común, como nuestras diademas, más de lo mismo. HAZ LO QUE TE DE LA REAL GANA.

6. Extensión de pestañas

Reconozco que este punto me trajo por el puente de la locura un tiempo… Os cuento, soy una fanática de los pestañones. No siempre las utilizo, pero en ocasiones más especiales me encanta tirar de pestañas postizas. El año que me casaba también lo hacía unos meses antes una de mis mejores amigas, y claro, es inevitable hablar del tema. Ella se lo hizo y estaba espectacular, pero en esos momentos no entraba dentro de mi presupuesto y me llegó a frustrar un poquito.

La solución fue pensar que, oye, qué se le va a hacer. Y sabía que con unas pestañas postizas iba a estar genial, porque ya las había usado y me encantaban. Lo que sí hice fue buscarlas de pelo natural para que quedasen todavía mejor. Todo un acierto. Yo usé las 325 de Red Cherry tras ver que Rosy McMichael las recomendaba en su canal en un vídeo de maquillaje para novias.

7. Blanqueamiento dental

Este tema también me inquietaba un poco. De forma natural tengo los dientes con un tono amarillento. Ese año intenté no tomar casi nada que me los pudiese manchar más (café, té, alcohol, curry, azafrán…) y cambié a un dentífrico blanqueante (no hacen mucho, la verdad).

Estuve pensando seriamente en hacerme un blanqueamiento, incluso comprar uno de estos aparatitos de luz pulsada que tan de moda estuvieron en aquel entonces para blanquearlos desde casa…

Pero pensándolo fríamente, no me iba a compensar. De por sí tengo la dentadura bastante sensible. Con el simple soplo de aire frío ya me incomoda. Y todos sabemos que este tipo de tratamientos te «desgastan» la capa más externa, de ahí que se vea blanco puro. Así que, no gracias. Que el fotógrafo le metiese luego un poco de blanco a los dientes y ya.

8. Dieta y ejercicio

Vuelta al principio. Qué obsesión por tener que lucir delgada. Lo primero que deberíamos trabajar es nuestro yo interior, no me cansaré de repetirlo. El tema físico lo veo más relacionado con la salud. Y esto sólo lo podéis saber tú y tu médico. No por estar gorda estás mal físicamente, ni por estar delgada estás sana. El cuerpo es mucho más complejo que eso.

También está el tema de la flacidez, estrías o celulitis. Que el 95% de mujeres desde los 15 años la tengamos ¿no te dice nada? Incluso grandes deportistas de élite la tienen. No te castigues más por ello. Puedes trabajar para eliminarla, pero no es un requisito indispensable para poder casarte.

En mi caso, sabía que estaba dentro del peso adecuado, aunque más pegado a la línea en la que empezaría a despuntar por tener más peso de la cuenta. A nivel analíticas estaba perfecta, y a nivel físico hecha un escombro. Me cansaba el simple hecho de subir las escaleras de mi casa (vivo en un segundo, que tampoco es demasiado). No estaba gorda, tampoco estaba delgada, pero no me obsesionaba matarme a dieta ni en el gimnasio. Mi meta fue simplemente mantenerme para que el vestido me entrase el día de la boda. Y mientras «a disfrutar».

Más adelante si que empecé a tomar medidas, pero ya hablaremos de esto en otro post.

9. Acudir a un spa

O a cualquier otro centro de belleza. Ese momento idílico con albornoz blanco y toalla recogiendo el pelo, dos rodajas de pepeino en los ojos y una copa de champangne mientras te hacen masajes, seguramente te venga bien para quitarte un poco de estrés unos días antes de la boda, para qué negarlo. Pero puedes hacer lo mismo en casa en una noche de pijamas con tus amigas, o vivir ese momento, pero sin pajaritos en la cabeza.

Estamos hartas de ver a instagramers con su squad de chicas recién salidas de un catálogo de modelos, vendiendo una imagen y unos «lujos» que mucho distan de la realidad

10. El perfume adecuado

Joder, si hasta en los olores nos la quieren colar. EL PERFUME PERFECTO PARA TU GRAN DÍA. Perdona, no sabía que había que oler a algo concreto para ser una novia que se va a casar… ¡Se nos va la pinza! Para mí el tema de las colonias es algo muy personal, casi prefiero el olor natural de cada persona (y por natural no me refiero al sudor, por favor).

Normalmente uso colonias suaves muy de vez en cuando y no me gustan nada todas esas que contienen aromas de flores o cítricos, ni la vainilla, chocolate, coco u olores demasiado empalagosos en general. Prefiero los olores más «masculinos» (está claro que un buen hombre huele a madera de roble, nótese el sarcasmo). O aguas de colonia muy suaves y frescas.

Al final, para mi día B no recuerdo si llegué a usar colonia, y de hacerlo creo que usé la misma que utilizaba a diario en ese momento, porque no quería sentirme «enmascarada».

11. Bronceado

Último punto a destacar, sobretodo si te casas en verano o en los meses colindantes donde se supone que una aún disfruta de la playa y el sol. Desde que estoy más obsesionada por el cuidado de la piel en general, me he dado cuenta que el «broncearse» o el «coger colorcito», ni siquiera es bueno para nuestra salud. Distintos son los beneficios de la vitamina D recibida por el sol.

Tampoco tenía mucho tiempo libre para poder ir a «tostarme» antes de la boda, y no iba a someter mi piel a rayos UVA. Estuve planteándome la caña de azúcar. Y hasta probé un par de semanas antes un autobronceador en espuma con mis padres (el efecto fue tan exagerado que ni nos gustó).

Al final me dije a mí misma, MIRA QUE NO. Lo único que se me iban a ver «blancos» eran los brazos y la cara. Y si no estoy renegría qué más da. Así que si eres blanca nuclear, lúcelo con orgullo.

¿Qué más dará el color de la piel? No te vas a ver más saludable ni guapa por ello. Y si recurres al maquillaje para lograr ese efecto, te digo que queda mejor un efecto de «piel besada por el sol» a que te eches una base 2 tonos más oscura que tu piel y unos polvos bronceadores que parecen hechos con Colacao.

En resumen, ¿quieres se la novia (im)perfecta?

Por último, y como tema importante a tratar, está la parte económica de todo esto. Todo estos tratamientos en mayor o menor medida conllevan unos precios altos. Puede que tu economía te lo permita… O puede que no. Y de ahí vienen muchas frustraciones también, de no sentirte a gusto en tu pellejo, de llevarnos el rebote cual cría de 5 años ante un «NO».

Señoras (sí, señoras), seamos REALISTAS. Pensemos de verdad qué cosas queremos llevar a cabo y cuáles no. Incluso aunque nos lo «regalen» (muchas familiares o amigas más íntimas optan por pagarles las sesiones del láser a la novia, por ejemplo, pero ¿qué pasa si realmente no quieres pasar por ahí? ¿Te vas a sentir obligada a hacerlo sólo porque sea un regalo?).

Cada uno de estos puntos deberías llevarlos a cabo porque realmente ya formen parte de tu rutina; O porque gracias a que te vas a casar, te animes a dar el paso hacia eso que querías hacer, pero nunca te animabas, y al tener el día de la boda ya tienes una fecha límite para alcanzar ese objetivo. Pero, por favor, no te obsesiones con ello si ni siquiera lo habías considerado antes.

No digo que lo que yo hice en su día sea lo correcto. Puede que hagas todo esto y más, puede que hagas sólo algunas cosas de esta lista o que no lleves a cabo nada. La cuestión es que, hagas lo que hagas, sea porque de verdad te apetece a ti y no sea una «imposición» para complacer a otros.

La vida ya nos presiona lo suficiente a veces, como para que nosotras mismas también nos auto-pongamos la zancadilla. Dejemos de sabotearnos y vamos a empezar a querernos, a escucharnos y respetarnos.

Deja un comentario